Esta tarde cuido a los hijos de mi vecina en su departamento.
La mamá trabaja en la panadería de la esquina.
Mateo tiene cinco años y Lucía tiene tres.
Jugamos con bloques en la sala, y el gato nos mira desde el sillón.
Hace mucho calor, así que hacemos paletas de mango con jugo y agua.
Las ponemos en el congelador y ponemos un dibujo animado bajito.
De repente se va la luz y la pantalla queda negra.
Mateo se asusta un poco, pero le digo que es como un juego.
Busco una linterna en la cocina y hacemos sombras en la pared.
Lucía ríe cuando mi mano parece un perro, y el gato intenta atraparlo.
Vuelve la luz, y las paletas ya están listas; comemos en el balcón para sentir el aire.
Cuando llega la mamá, encuentra la sala ordenada y dos niños con bigotes de mango.